Por Jorge Tapia (Socio Corfuch N°500)
El hincha en el fútbol moderno parece haber sucumbido al exitismo desmedido; a un cortoplacismo que nubla la razón y altera las prioridades. La reciente salida de Francisco “Paqui” Meneghini de la banca azul es una clara muestra de esto. Ante la ausencia de resultados positivos y la alta demanda de una hinchada sedienta de títulos, el proceso de Meneghini duró apenas dos meses. Los malos resultados y una estrategia de juego que parecía no tener respuestas ante la “urgencia” de enmendar el rumbo terminaron por sepultar su paso por la U. de Chile.
La salida de Meneghini parece lógica en un contexto profesional, más aún cuando estás al frente de un equipo grande: el resultado manda. Sin embargo, esta necesidad casi biológica de obtener réditos rápidos en la vorágine de la competencia se impone a la posibilidad de una mirada crítica y reflexiva: los árboles no dejan ver el bosque.
Esta decisión no solo desnuda un mal inicio de temporada en lo deportivo, sino que también deja en evidencia la incapacidad de Azul Azul para gestionar un proyecto deportivo sostenible que aporte al desarrollo institucional. Los datos son desoladores: considerando solamente la variable del director técnico, en los últimos cinco años han pasado diez cuerpos técnicos por el club. Es decir, en promedio, un estratega no dura más de seis meses en el cargo, cifra que incluso está “maquillada” por la permanencia de dos años de Gustavo Álvarez en el club, por lo que hay casos (como el de Meneghini) en que la permanencia fue menor a la media. ¿Qué proyecto serio se puede sostener de esta forma?. La respuesta es: ninguno. Es decir, no existe proyecto deportivo ni de desarrollo institucional, por lo que todo indica que la contingencia actual se volverá a repetir y lo coyuntural seguirá socavando lo institucional.
Esta fragilidad institucional pone al hincha en una encrucijada ética: ¿seguirá siendo el fiscalizador del éxito del fin de semana o despertará y asumirá su rol como defensor de la historia del Club? Al solo exigir soluciones de corto plazo, el hincha termina siendo funcional a la lógica de quienes administran el club, (claramente lejanas a las lógicas de un Club Deportivo), validando un modelo que consume técnicos pero que no construye ni respeta los valores del Club. Si los hinchas no exigen procesos por sobre soluciones cosméticas, corre el riesgo de convertirse en el cómplice involuntario de la destrucción de su propia identidad.
Por Jorge Tapia: es Sociólogo y miembro de la Agrupación de Socias y Socios Corfuch, socio CORFUCH N°500
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